SELECCIÓN DE TEXTOS HISTÓRICOS
HISTORIA UNIVERSAL
VIDA COTIDIANA EN ROMA: La vida de un joven romano en el siglo III a.C.
"Mi padre tiene derecho de vida y de muerte sobre todos los habitantes de la casa, incluso de su mujer. Pero es justo y querido por todos, es severo con sus hijos y con sus esclavos. Mi madre desempeña su papel: bordar, hilar y tejer, gobernar la casa y dirigirnos porque nuestra educación depende de ella por ahora.
Nuestra casa de Roma es pequeña, con un gran patio sin techo (el atrio), y en el centro hay un estanque de agua de lluvia. En el atrio, que es nuestra sala de estar, se encuentra el hogar (el fuego) y el altar. Cuando hace frío se enciende un gran fuego a leña y se ponen braseros en las habitaciones.
Mi padre va siempre al Senado. La costumbre prohibe a mis hermanas salir, pero mi mamá hace visitas, compras, y a menudo me lleva con ella. A mí me gustan los mercados de carne y legumbres que hay a lo largo del río Tiber, y me atraen mucho los puestos públicos de artesanos que se ubican delante de las casas.
En estas salidas aprendí a conocer las unidades de monedas y las equivalencias con las monedas de plata y bronce. Tengo diez años y leo correctamente, pero mi padre quiere que vaya a aprender a leer, escribir y contar a la casa de un maestro de escuela..."
..."Hoy es un día muy especial porque se casó mi hermana de quince años, ya que mi padre así lo decidió. Ella dijo adiós a su infancia, se puso su túnica nupcial que es blanca y la cubre hasta los pies. Esta mañana estaba con una corona de flores, un velo anaranjado sobre el rostro, y se instaló con su novio delante del altar, en el atrio lleno de gente y decorado con guirnaldas.
Un adivinador privado ha anunciado que los auspicios son favorables. Delante de diez testigos mi hermana declara que renuncia a nuestra familia y a nuestros dioses. Luego la pareja ofrece un sacrificio por la casa que dejan, dan una vuelta al altar y recitan las plegarias rituales y oraciones a Juno.
Después de la fiesta, el esposo hace un simulacro para raptarse a mi hermana, porque el rapto es una costumbre tradicional. Luego, cuando la pareja llegue a su nueva casa, ofrecerá su primer sacrificio a los dioses domésticos..."
..."Cuando cumplí 16 años, me quité el joyel delante del altar doméstico, y mi familia me acompañó a inscribirme en las listas den censor y luego ofrecí un sacrificio en el Capitolio. Ahora soy ciudadano, y mis ocupaciones cambian: nada de escuela, voy a ejercitarme sobretodo en natación. Es un gran honor ser el más fuerte y el mejor nadador, todo el mundo se ríe de los malos nadadores.
Como yo quiero ser magistrado, mi padre me lleva a menudo al Foro y trata de que yo escuche a los mejores abogados, los que consiguen aplausos con la esperanza de ser muy pronto elegidos para alguna magistratura. También me inicia poco a poco en la política, y más adelante me confiará a un abogado célebre y famoso para que me enseñe derecho y el arte de la oratoria. Primero serviré en el ejército, donde después de un año espero ser nombrado Tribuno Militar..."
ACTIVIDADES
1. Averigua el significado de todas las palabras que no entiendes.
2. ¿Qué importancia tenía el padre en la familia? ¿Qué actividades tiene?
3. ¿Cuáles eran las actividades de las mujeres en la familia romana?
4. ¿Qué río pasa por Roma?
5. ¿Cómo eran los matrimonios romanos? Da tu opinión.
6. Habla de la importancia de la religión en la vida de los romanos.
7. Compara tu vida actual y futura con la de este joven romano.
BAJA EDAD MEDIA
Hábitos alimentarios
El vino y el pan serán los elementos fundamentales en la dieta medieval. En aquellas zonas donde el vino no era muy empleado sería la cerveza la bebida más consumida. De esta manera podemos establecer una clara separación geográfica: en las zonas al norte de los Alpes e Inglaterra bebían más cerveza mientras que en las zonas mediterráneas se tomaba más vino. Aquellos alimentos que acompañaban al pan se denominaban "companagium". Carne, hortalizas, pescado, legumbres, verduras y frutas también formaban parte de la dieta medieval dependiendo de las posibilidades económicas del consumidor. Uno de los inconvenientes más importantes para que estos productos no estuvieran en una mesa eran las posibilidades de aprovisionamiento de cada comarca. Debemos considerar que los productos locales formaban la dieta base en el mundo rural mientras que en las ciudades apreciamos una mayor variación a medida que se desarrollan los mercados urbanos. La carne más empleada era el cerdo -posiblemente porqué el Islam prohíbe su consumo y no dejaba de ser una forma de manifestar las creencias católicas en países como España, al tiempo que se trata de un animal de gran aprovechamiento- aunque también encontramos vacas y ovejas. La caza y las aves de corral suponían un importante aporte cárnico a la dieta. Las clases populares no consumían mucha carne, siendo su dieta más abundante en despojos como hígados, patas, orejas, tripas, tocino, etc. En los periodos de abstinencia la carne era sustituida por el pescado, tanto de mar como de agua dulce. Diversas especies de pescados formaban parte de la dieta, presentándose tanto fresco como salazón o ahumado. Dependiendo de la cercanía a las zonas de pesca la presentación del pescado variaba.
Judías, lentejas, habas, nabos, guisantes, lechugas, coles, rábanos, ajos y calabazas constituían la mayor parte de los ingredientes vegetales de la dieta mientras que las frutas más consumidas serían manzanas, cerezas, fresas, peras y ciruelas. Los huevos también serían una importante aportación a la dieta. Las grasas vegetales servirían para freír en las zonas más septentrionales mientras que en el Mediterráneo serían los aceites vegetales más consumidos. Las especias procedentes de Oriente eran muy empleadas, evidentemente en función del poder económico del consumidor debido a su carestía. Azafrán, pimienta o canela aportaban un toque exótico a los platos y mostraban las fuertes diferencias sociales existentes en el Medievo. Las carnes debidamente especiadas formaban parte casi íntegra de la dieta aristocrática mientras que los monjes no consumían carne, apostando por los vegetales. Buena parte del éxito que cosecharon las especias estaría en sus presuntas virtudes afrodisíacas. Como es lógico pensar los festines y banquetes de la nobleza traerían consigo todo tipo de enfermedades asociadas a los abusos culinarios: hipertensión, obesidad, gota, etc.
El pan sería la base alimenticia de las clases populares, pudiendo constituir el 70 % de la ración alimentaria del día. Bien es cierto que en numerosas ocasiones los campesinos no comían pan propiamente dicho sino un amasijo de cereales -especialmente mijo y avena- que eran cocidos en una olla con agua -o leche- y sal. El verdadero pan surgió cuando se utilizó un ingrediente alternativo de la levadura. Escudillas, cucharas y cuchillos serían el menaje utilizado en las mesas medievales en las que apenas aparecen platos, tenedores o manteles. La costumbre de lavarse las manos antes de sentarse a la mesa estaba muy extendida.
El vestido en la Edad Media
Resulta bastante complicado saber cómo era el vestido de las gentes en la Edad Media. Bien es cierto que encontramos algunas pautas generales. El vestido femenino suele ser largo mientras que el masculino es corto. Los sectores más modestos de la sociedad utilizaban colores oscuros, generalmente negro. Sin embargo, estas afirmaciones son muy limitadas. Sí es cierto que el vestuario medieval experimentó una importante transformación gracias a las ciudades y las burguesías que habitaban en ellas. En ese cambio también influyó el contacto con otras culturas, especialmente la musulmana gracias a las Cruzadas. En una sociedad tan regulada como la medieval no debe extrañarnos que los asuntos relacionados con el vestuario también tuvieran reglamentaciones. Alfonso X el Sabio regula en 1258 las vestimentas tanto de los oficiales mayores de la casa real como de los menores. Estos últimos "non trayan pennas blancas ni çendales sin siella de barda dorada nin argentada nin espuelas doradas nin calças descarlata, nin çapatos dorados nin sombrero con orpel nin con argent nin con seda". Los eclesiásticos no podían utilizar ropas coloradas, rosadas o verdes.
Debían llevar calzas negras y olvidarse de zapatos con hebilla y cendales, utilizando en sus cabalgaduras sólo sillas de color blanco. Los canónigos vestían de manera más relajada al estarles permitido el uso de cendales -siempre y cuando no fueran amarillos o rojos- y poder utilizar sillas azules. La marginación de algunas clases sociales -como judíos y musulmanes- se extendía al vestuario. Los judíos no podían llevar pieles blancas, ni calzas rojas, ni paños de color ni cendales. Los mudéjares tampoco podían llevar zapatos blancos o dorados, aplicándose las normas anteriores.
A lo largo del siglo XII apreciamos las primeras innovaciones en el vestido procedentes de las ciudades. Las modas empezaron a manifestarse con cierta fuerza y los tejidos fueron adaptándose al cuerpo para marcar las siluetas. Momentos donde los ropajes de ambos sexos eran muy similares dieron paso a otros en los que la distinción entre las ropas masculinas y las femeninas era tremenda. En los tiempos finales del Medievo encontramos un acentuado gusto en las damas por los largos cabellos, los pechos altos y el encorsetamiento de la cintura.
Estas modas fueron impuestas por las clases urbanas acomodadas y posteriormente se irían acercando al resto de estamentos sociales tanto del campo como de la ciudad. Labriegos y artesanos intentaban imitar a los burgueses en sus atuendos, especialmente a raíz de la horrible Peste Negra, cuando en Europa se desató un irrefrenable deseo por disfrutar de lo terrenal. El cronista florentino Mateo Villani nos cuenta con cierto escándalo como "las mujeres de baja condición se casan con ricos vestidos que habían pertenecido a damas nobles ya difuntas". También los predicadores desde los púlpitos exponen sus críticas al desenfreno de la moda.
Las mujeres en la sociedad medieval
Al ser heredera la sociedad medieval de las costumbres romanas y germánicas al tiempo que heredera de un sistema de creencias estructurado en Oriente Medio, establece sus bases en el patriarcado. El varón es considerado un "agente activo" mientras que la mujer es el "agente pasivo". Esta es la razón por la que el varón ocuparía un papel preeminente ante la mujer, a pesar de plantear la religión cristiana en sus textos fundamentales la igualdad de los dos sexos ante el pecado y la salvación, dejando de lado la presunta negación de la existencia de alma en las mujeres.
En este marco patriarcal, la vida pública, desde la política a las armas pasando por la cultura o los negocios, está reservada casi exclusivamente al hombre mientras que la mujer está recogida en la vida doméstica. Sin embargo, como bien dice Adeline Rucquoi "en las sociedades tradicionales, en las que la escritura no desempeña el papel fundamental que ahora tiene, la transmisión de la mayor parte de los conocimientos se efectúa precisamente en el marco de la vida privada" por lo que el papel de la mujer no queda mermado. Por eso vamos a conocer en profundidad su papel en la vida familiar, las labores de las mujeres, sus relaciones con la religión o la cultura, los saberes tradicionales o el mundo de la prostitución, una vía de escape en definitiva al régimen tradicional.
El matrimonio
Hasta el siglo XII el matrimonio no se impuso como sacramento, tras siglos de lucha por parte de la Iglesia para controlar la monogamia y la exogamia. No cabe duda que el matrimonio supuso importantes mejoras para la mujer, especialmente al prohibirse el divorcio y la repudiación, al tiempo que se necesitaba el consentimiento de la interesada para llevarse a cabo. De esta manera se consigue un cierto papel de igualdad respecto al varón. Desde el siglo XIII la Iglesia iniciará una importante labor al santificar a mujeres casadas como santa Isabel de Hungría, santa Isabel de Portugal o santa Eduvigis. La dote matrimonial introduce un curioso elemento económico en el matrimonio ya que según el derecho romano la mujer nunca forma parte de la familia del marido sino de su padre, por lo que éste debe aportar a su hija una dote importante con la que "mantenerse".
El derecho germánico establecía que era el marido quien debía dar la "morgenbabe" a la esposa. Tanto uno como otro serán los bienes que la esposa tenga, bienes que el marido administra. La mayoría de las familias medievales no tuvo problemas a este respecto ya que no podía dar a sus hijas o esposas ni dote ni arras pero en las clases altas sí constituyó algunos conflictos. En la Florencia de la Baja Edad Media resulta curioso contemplar como una joven viuda es rescatada por su propia familia para establecer, con ella y su dote, una nueva alianza con otra familia. Los hijos habidos del primer matrimonio se quedarían con la familia del padre. En este caso, la mujer no dejaba de ser un mero objeto de intercambio para aumentar las relaciones sociales y económicas de los miembros del patriarcado. En Valencia, la familia de la mujer solía reclamar al marido la dote si no había descendencia. Mientras viva, el marido está considerado el administrador de los bienes de la esposa. Al enviudar la mujer consigue su propia autonomía, recibiendo a menudo la tutela de los hijos menores, la libertad para volver a casarse sin consentimiento paterno y poder administrar sus bienes. Si estos bienes son cuantiosos podemos afirmar que el papel de la viuda es importante en la sociedad. En aquellas regiones donde se establezca el sistema de primogenitura la viuda debe acudir al convento donde, para ingresar, también debe aportar una dote. Para que ingresar en un convento no esté reservado a mujeres con posibilidades, a finales de la Edad Media se crearon fundaciones cuyo objetivo era dotar huérfanas y muchachas pobres.
Las viviendas
Las condiciones materiales de existencia para el hombre y la mujer medievales serán bastante precarias debido a su dependencia del medio natural. Sería lógico pensar que estas condiciones variaban en relación con las diferencias sociales.
Fuertes diferencias encontramos entre las casas o las ropas de los señores feudales y los altos clérigos respecto a las de los labriegos o humildes artesanos. Aun así también las clases altas tenían amplias carencias que, de esta manera, igualaban a la sociedad. Las casas desempeñaban diversas funciones; eran refugio ante las inclemencias naturales, residencia de la familia y el centro de las actividades productivas. La vivienda de los campesinos también era granero y establo mientras que en los núcleos urbanos la casa de los artesanos incluía también el taller. La chimenea era uno de los elementos fundamentales de la casa al representar el hogar y la unidad de percepción fiscal. Los documentos de la época hacen referencia a fuegos por lo que los estudios demográficos difieren a la hora de aplicar el número de personas que habitaba ese fuego. Las viviendas humildes eran tremendamente sencillas: constaban de un amplio espacio donde se vivía y trabajaba, se comía y se dormía. Las casas solían ser de madera aunque también podían incluir ladrillo, adobe o piedra. Debemos advertir que en las ciudades se empiezan a manifestar importantes transformaciones en cuanto a la división del espacio.
En este ámbito urbano las casas tenían dos pisos, estando la zona a pie de calle destinada a la tienda o taller y a zona de cocinas, donde también se comía. Al fondo de la planta baja encontramos un patio con un pozo. La segunda planta es la zona de habitaciones comunicada con la planta baja por una escalera. Sobre este primer piso estaba el granero y en el subsuelo hallamos la bodega. En buena medida repite el esquema de los chalets adosados de la actualidad. Las baldosas que cubren los suelos, las letrinas o los cristales que cierran las ventanas serían signos evidentes del progreso económico y social de los habitantes de la vivienda. Hablando en términos numéricos, los habitantes de esta casa modelo urbana dispondrían de unos cien metros cuadrados de vivienda.
Otro tipo de viviendas urbanas serían los típicos corrales castellanos donde gente de condición modesta organizaban sus casas alrededor de un patio donde estaba el pozo común. Las viviendas eran pequeñas y las letrinas de uso conjunto. En Sevilla las casas también se organizaban en torno a patios, evidencia de la influencia musulmana. Las limitaciones caracterizaban el mobiliario medieval. La cama, la mesa, los asientos o bancos y las arcas eran los cuatro muebles básicos en una casa. El más importante era la cama -en Castilla decir que alguien "no tiene más que la cama sobre la que se echa" era sinónimo de pobreza"-, generalmente de gran tamaño ya que la familia solía dormir conjuntamente. En numerosas ocasiones la cama se construía con unos bancos o tablas sobre las que se colocaban las colchas, siendo un mueble desmontable. En las casas nobles la cama era una estructura estable que se adornaba con un dosel. Los colchones eran de paja -los más pobres- o plumas. La ropa de cama también variaba en función de la condición social. Las mesas cumplían un importante papel en la vivienda medieval. También podían ser desmontables -un tablero sobre caballetes que se quitaba cuando acababa la comida, de donde viene la expresión "quitar la mesa" - o fijas, incluso adosadas a la pared. El médico sevillano Juan de Aviñón establece que la altura óptima de las mesas debía ser de tres palmos. Acompañando a la mesa encontramos los bancos. Este mismo médico también hace referencia a sus medidas ideales: dos palmos de anchura y entre uno y medio y dos de altura. Para amortiguar la dureza de la madera con que estaban construidos se utilizaban cojines. Los enseres de la familia se guardaban en arcas, desde los vestidos a los utensilios, alimentos o los escasos libros. Podíamos considerar que realizaban la función de los actuales armarios y también eran utilizados como asientos. Se cerraban con complicados herrajes. Braseros, candiles, alfombras, esteras, espejos, cubas, jarras, tinajas y un amplio etcétera formaban el catálogo de objetos existentes.
Hombre y la naturaleza
La relación entre el ser humano y la tierra era en la época medieval muy estrecha, tal y como podemos apreciar en las obras de san Francisco de Asís. El ser humano era un elemento más de la Creación al igual que las plantas, los animales, la tierra o el agua. Pero la vinculación con la tierra es tremendamente fuerte, estando considerada como el elemento primordial según se interpreta de las propias palabras del santo -"Nuestra hermana la madre tierra"- o del mallorquín Anselm Turmeda - la tierra "cabeza del género humano"-.
El contacto con la naturaleza será algo innato del hombre medieval, identificándose especialmente con el medio natural al tiempo que la propia naturaleza formaba parte de la vida cotidiana. Bien es cierto que la relación entre hombre y naturaleza tampoco era idílica -la eliminación de las basuras y aguas residuales, la precariedad de la higiene o la acción del ser humano provocaría daños ecológicos de importancia- aunque en ocasiones se intentó regular legalmente esta relación con el fin de mantener un equilibrio mayor como se aprecian en las medidas castellanas del siglo XIII para evitar incendios en los bosques.
A pesar de estas medidas podemos afirmar que el hombre medieval dependía más de la naturaleza que ésta del ser humano, por muchos recursos que pudiera sacar de ella. No debemos olvidar las graves consecuencias de las condiciones meteorológicas en la agricultura que vendrían acompañadas de hambre y muerte. Raúl Glaber hace referencia a la grave situación en la que se encontró Europa en 1033 aludiendo a que el hambre "hizo temer por la desaparición del género humano".
Gilles le Muisit nos narra la crisis vivida en el año 1316 en Flandes donde " a causa de las lluvias torrenciales (...) la penuria aumentaba de día en día (...) A causa de las intemperies y del hambre intenso, los cuerpos comenzaron a debilitarse y las enfermedades a desarrollarse y resultó una mortandad tan elevada que ningún ser vivo recordaba nada semejante". En la crónica del rey castellano Fernando IV del año 1301 se manifiesta que "los omes moríanse por las plazas e por las calles de fambre". No cabe duda de que el ser humano seguía dependiendo del medio físico para su existencia diaria.
HISTORIA MODERNA
La vida de un escolar en el siglo XVI
"Estábamos en pie a las cuatro de la mañana y después de haber rezado una oración, íbamos a clase a las cinco, con nuestros grandes libros, nuestras escribanías (útiles de escribir) y velas en la mano. Sin interrupción teníamos clase hasta las diez. Después de emplear media hora en corregir nuestros apuntes, comíamos. Luego leíamos, como diversión, fragmentos de Sófocles, Aristófanes o Eurípides y, algunas veces, Cicerón, Virgilio y Horacio. A la una, a clases; a las cinco, a casa... Luego cenábamos y leíamos griego o latín."
(Enrique de Mesmes, magistrado y diplomático francés, recordando su vida
de estudiante, en 1545, a la edad de 14 años, en la Universidad de Toulouse).
Ejercicios
1. ¿Cómo imaginas que era el nivel de exigencias para los alumnos de la época?
2. ¿Qué elementos del Humanismo están presentes en el programa de estudio?
3. ¿Qué característica principal del Renacimiento se trasluce en ese programa?
El papel de los sacerdotes
"... todos los cristianos pertenecen al estado eclesiástico (sacerdotal), y no existe entre ellos diferencia alguna, como no sea la del oficio propio de cada uno. Todos somos consagrados sacerdotes por el bautismo".
(Lutero, Manifiesto a la nobleza cristiana de la nación alemana, 1520).
"Otorgó (Cristo) a sus Apóstoles y a los que a través de los siglos habríamos de sucederles, poderes de enseñar, de transmitir el tesoro de las verdades reveladas, con autoridad para hablar en el nombre de Dios e imponer acatamiento a los fieles. Confió también a los que Él eligió y elige cada día el poder de atar y desatar, perdonar y retener; de regir en su nombre la gran familia de los redimidos".
(Obispo Fray J. López Ortiz, Prólogo al Código de Derecho Canónico, Salamanca, 1950).
Lee estos dos puntos de vista contrapuestos y redacta un breve informe sobre los sacerdotes en la religión luterana y en la iglesia católica: quiénes lo son en una y otra religión, y qué valor se les otorga a sus respectivas opiniones.
EL CORTESANO, Baltazar de Castiglione
"Querría yo que nuestro cortesano fuese en las letras más que medianamente instruido, a lo menos en las humanidades, y que tuviese noticia no sólo de la lengua latina, más aún de la griega, por las muchas y diversas cosas que en ella maravillosamente están escritas. No deje los poetas ni los oradores, ni cese de leer historias; ejercítese en escribir en verso y en prosa, mayormente en esta nuestra lengua vulgar, porque además de los que él gustara dello, tendrá un buen pasatiempo para entre mujeres, las cuales ordinariamente huelgan con semejantes cosas. Y, si por otras ocupaciones o por poca diligencia no alcanzase en esto tanta perfección, que lo escribiere merezca ser alabado, sea cuerdo en callarlo porque no hagan burla de él: solamente lo muestre a algún amigo de quien fíe.
Nuestro cortesano, hará al caso que sea músico; y además de entender el arte y cantar bien por el libro, ha de ser diestro en tañer diversos instrumentos. Porque, si bien lo consideramos, ningún descanso ni remedio hay mayor ni más honesto para las fatigas del cuerpo y pasiones del alma que la música, en especial en las cortes de los príncipes, donde no solamente es buena para desenfadar, más aún para que en ella sirváis y deis placer a las damas, las cuales se deleitan y se enternecen con ella."
LA DAMA, Baltazar de Castiglione
"Nuestro retrato del caballero sería muy imperfecto si las damas no intervinieran para darle una parte de esta gracia, por la cual ellas adornan y convierten en perfecta la vida cortesana.
Digo que la dama que vive en la corte debe, ante todo, poseer una cierta afabilidad amable, por la cual sepa entretener a toda clase de personas con conversaciones agradables, honestas y acomodadas al tiempo, lugar y calidad de la persona con quien habla. Debe tener un porte tranquilo, modesto, una honestidad que ponga siempre mesura en sus acciones aunque con una cierta vivacidad de espíritu por la cual se muestre alejada de toda pesadez, y con todo, debe reunir una cierta dosis de bondad que la haga estimar no menos prudente, púdica y dulce que amable, juiciosa y fina.
Cuestionario:
1. Averigua sobre Baltazar de Castiglione.
2. Determina las características ideales que debiera tener el cortesano y la dama.
3. Relaciona este tipo ideal de hombre y mujer con la realidad histórica del Renacimiento.
4. ¿Consideras tú que esas cualidades mencionadas continúan vigentes hoy día? Fundamenta tu respuesta.
EL REY ILUSTRADO
(Federico II de Prusia, Testamento Político 1752)
“El primer deber de un ciudadano consiste en servir a su patria. Yo he tratado de cumplir con este deber en cada situación de mi vida. Un hombre que, como yo, está investido de la dignidad del más alto oficio, tiene la oportunidad.
Y la posibilidad de ser útil a sus conciudadanos. Me he propuesto no interferir nunca en el desarrollo de la administración de justicia. En los tribunales han de hablar las leyes, mientras que el príncipe debe callarse y guardar silencio. Mas este silencio no me ha impedido de mantener abiertos los ojos para controlar la conducta de los jueces.
Es deber del soberano amar a su pueblo y de ayudarle en todos los casos que dependen de él, sea que le conceda alivios y reduzca los impuestos demasiado duros, sea que castigue las Cámaras y los funcionarios de Hacienda que maliciosamente inicien litigios contra la nobleza, las ciudades y los campesinos, sea que mantenga a la nobleza y sus privilegios como también a las ciudades. Un príncipe lo debe considerar su deber proteger a la nobleza, porque ésta constituye la piedra preciosa más hermosa de su corona y el ornato de su ejército. En un Estado como Prusia el príncipe debe atender personalmente sus negocios, pues si es inteligente orientará toda su acción hacia el bien común que es también su propio bien, mientras que un Ministro tendrá siempre su punto de vista particular y sus intereses especiales y, en vez de ascender a personas de méritos, llenará los cargos con sus criaturas y tratará de afirmar su propia posición por medio de un gran número de subalternos que ata a su persona. El soberano, en cambio, apoyará a la nobleza, mantendrá dentro de sus límites al clero, no tolerará que los príncipes intriguen o armen cábalas y premiará los méritos sin ocultar intenciones que los ministros tienen en todo lo que hacen.
Un gobierno bien conducido debe constituir un sistema coherente al igual que el sistema de un filósofo. Todas las medidas que se tomen deben estar bien pensadas. Las finanzas, la política y la fuerza militar deben tener un objetivo común. Este objetivo es la consolidación del Estado, el aumento de su poder. Mas un sistema coherente puede emanar únicamente de una sola cabeza, y ésta deber ser la cabeza del gobernante. La pereza, la sensualidad o la imbecilidad son las causas que impiden que los príncipes se dediquen a la noble obra de fomentar la felicidad e los pueblos. Estos gobernantes se hacen tan despreciables que durante su vida se convierten en blanco de mofas y risas y que sus nombres en la historia sólo sirvan a la cronología. Ellos vegetan en el trono, siendo indignos de ocuparlo, y sólo se preocupan e Atenderse a sí mismo. Esta falta de preocupación por sus pueblos puede convertirse en un crimen.
El soberano no ha sido ascendido a su cargo y no se le ha conferido el poder supremo para que viva en la blandura para que engorde a expensas de su pueblo y para que sea él feliz, mientras que todos los demás sufran. El príncipe es el primer servidor del Estado. Se le paga bien, para que pueda mantener la dignidad de su cargo. Pero también se le exige un trabajo eficiente en bien del Estado y, al menos, la conducción es ciertamente un honor trabajar, conjuntamente con los mejores elementos de la nobleza y la elite de la nación por afirmar la disciplina que mantiene la gloria de la patria y hace que ésta sea respetada en la paz y que sea victoriosa en la guerra. Uno tendría que ser muy miserable para hundirse en la pereza y los vicios y para excusarse de los esfuerzos y las preocupaciones que demanda la mantención de la disciplina. La compensación de ellos se encuentra en las conquistas y el prestigio de que se goza y que a u soberano significan más que la mayor grandeza o el máximo poder imaginable”.
HISTORIA CONTEMPORÁNEA
Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano
“Los representantes del pueblo francés, constituidos en Asamblea Nacional, considerando que la ignorancia, el olvido o el menosprecio de los derechos del hombre son las únicas causas de las desventuras públicas y de la corrupción de los gobiernos, han resuelto exponer, en una declaración solemne, los derechos naturales, inalienables y sagrados del hombre, a fin de que esta declaración, constantemente presente a todos los integrantes del cuerpo social, les recuerde sin cesar sus derechos y sus deberes; a fin de que los actos del poder legislativo y los del poder ejecutivo pudiendo ser comparados en todo momento con el objetivo de toda institución política, sean más respetados; a fin de que las reclamaciones de los ciudadanos, fundadas en lo sucesivo en principios sencillos e indiscutibles, tiendan siempre al mantenimiento de la Constitución y a la dicha de todos.
En consecuencia, la Asamblea Nacional reconoce y declara, en presencia y bajo los auspicios del Ser Supremo, los siguientes derechos del hombre y del ciudadano:
1. Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos. Las distinciones sociales no pueden fundarse sino en la utilidad común.
2. El fin de toda asociación política es la conservación de los derechos naturales e imprescindibles del hombre; estos derechos son la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión.
3. El principio de toda soberanía reside esencialmente en la nación: ningún cuerpo ni individuo puede ejercer autoridad que no emane de ella expresamente.
4. La libertad consiste en poder hacer todo lo que no dañe a otro. De aquí que el ejercicio de los derechos naturales del hombre no tenga más límites que los que aseguren a los otros miembros de la sociedad el goce de esos mismos derechos. Estos límites no pueden determinarse más que por la ley.
5. La ley no tiene derecho de prohibir más que las acciones nocivas a la sociedad. Todo lo que no es prohibido por la ley no puede impedirse, y nadie está obligado a hacer lo que ella no ordena.
6. La ley es la expresión de la voluntad general: todos los ciudadanos tienen derecho a concurrir personalmente o por sus representantes a su formación; debe ser la misma para todos, tanto para proteger como para castigar. Siendo todos los ciudadanos iguales ante ella, son igualmente admisibles a todas las dignidades, puestos y empleos públicos, según su capacidad, y sin otras distinciones que las de sus virtudes y sus talentos.
7. Nadie puede ser acusado, detenido o encarcelado más que en los casos determinados por la ley y según las formas prescritas en ella. Los que soliciten, expidan, ejecuten o hagan ejecutar órdenes arbitrarias deben ser castigados; pero todo ciudadano llamado o detenido en virtud de la ley, debe obedecer al instante, haciéndose culpable por su resistencia.
8. La ley no debe establecer sino penas estricta y evidentemente necesarias, y nadie puede ser castigado sino en virtud de una ley establecida y promulgada anteriormente al delito y legalmente aplicada.
9. Presumiéndose que todo hombre es inocente hasta tanto no sea declarado culpable, si se juzga indispensablemente su detención, todo rigor que no sea necesario para asegurar su persona debe ser severamente reprimido por la ley.
10. Nadie debe ser molestado por sus opiniones, ni siquiera por las religiosas, con tal que su manifestación no trastorne el orden público establecido por la ley.
11. La libre comunicación de los pensamientos y de las opiniones es uno de los derechos más preciosos del hombre; todo ciudadano puede, pues, hablar, escribir o imprimir libremente, pero debe responder del abuso de esta libertad en los casos determinados por la ley.
12. La garantía de los derechos del hombre y del ciudadano necesita de una fuerza pública; esta fuerza es, pues, instituida en provecho de todos y no para la utilidad particular de aquellos a quienes está confinada.
13. Para el mantenimiento de la fuerza pública y para los gastos de administración es indispensable una contribución común, que debe repartirse igualmente entre todos los ciudadanos y e acuerdo con su posibilidad.
14. Los ciudadanos tienen derecho a comprobar por sí mismos, o por sus representantes, la necesidad de la contribución pública, de consentirla libremente, de comprobar su empleo y de determinar su cuota, su proporcionalidad, su cobro y su duración.
15. La sociedad tiene el derecho de pedir cuenta a todo agente público, por su administración.
16. Toda sociedad en que la garantía de los derechos no está asegurada, ni determinada la separación de los poderes, no tiene constitución.
17. Siendo la propiedad un derecho inviolable y sagrado, nadie puede ser privado de ella, sino cuando la necesidad pública, legalmente comprobada lo exija evidentemente y bajo condición de una justa y previa indemnización”.
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